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Sarsamarcuello | La Hoya de Huesca
 
Descripción
Sarsamarcuello
 
  Sarsamarcuello

La pequeña localidad de Sarsamarcuello asienta en la ladera sur de la sierra. En su término se alza el ruinoso castillo de Marcuello con su capilla castrense y los restos de la ermita de San Miguel, recientemente restaurada por la Comarca

El arruinado castillo de Marcuello es sin lugar a dudas el guardián de la entrada del Gállego a la Sotonera. Emblemático punto de referencia que desde todo el “Reino de los Mallos” vemos al levantar la vista al cielo.

Porque el lugar es espectacular en su ubicación. Hay que acercarse hasta él y comprobarlo. Para ello, desde Sarsamarcuello y por pista de tierra llegaremos hasta la ermita de San Miguel, románica del XII de la que resta cabecera y presbiterio. Un corto paseo nos acerca a las ruinas de la torre.

Cronológicamente ha habido sucesión de elementos defensivos en este lugar. Ya desde los primeros avances de Sancho III hasta la obra efectuada por Ramiro I, recrecida y acabada por Sancho Ramírez con unos acabados que nada tienen que ver con la “joya de la corona” que sin duda fue Loarre.

La torre debió de contar con cuatro plantas por encima de la baja, en la que bajo los materiales de desplomes sucesivos ha de estar su aljibe. Edificada a base de sillarejo, se advierte diferente composición en su base probablemente debida a sus distintos momentos de construcción.

Hoy resiste el lienzo oeste y algo del situado al sur, que poco a poco lo vamos viendo desmoronarse. Triste y anunciado final para tan emblemático símbolo.

Alrededor de la torre hubo recinto fortificado, del que resta parte del mismo en el ángulo suroeste. Tiene una característica especial, como hizo notar Adolfo Castán, y es el hecho de que en su espesor se emplearon vigas de madera claveteadas para asegurar la trabazón de sus lienzos y evitar alabeos.
Ya en el XII al sur de la torre se edificó sobria iglesia defensiva con alargado ábside sobre cripta y torrecilla adosada al lado sur de la nave.
La virgen románica de Marcuello porta al niño sobre su rodilla derecha.

Poco más adelante de este lugar está el “mirador de los buitres”, con unas vistas inolvidables sobre los Mallos.