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| El castillo de Loarre es sin lugar a dudas el mejor castillo románico del mundo. Su estado de conservación lo hace paradigmático en este aspecto. Y ello es en buena parte debido a que tan apenas se concluyó su edificación dejó de ser necesario y quedó en retaguardia, lejos de las nuevas fronteras del reino de Aragón, felizmente perdido sobre su atalaya en la bruma de la historia. Dista de Huesca en Liena recta unos veintisiete kilómetros en dirección noroeste. Desde su privilegiado emplazamiento domina gran parte de la Sotonera.
Su origen se remonta al momento en que Sancho III el Mayor, rey de Navarra aprovechando la debilidad de los musulmanes propiciada por la muerte de Al-Manzor reedifica en piedra las fortificaciones en la sierra que Sancho Garcés a comienzos del siglo X levantase en madera. Para Durán Gudiol ello acaece entre los años 1016 y 1020. Ya en 1033 están documentados tenentes de la fortaleza, siendo el primero de ellos Lope Sánchez.
A ese primer momento edificativo corresponde la parte más antigua del castillo, la más elevada y la más alejada del inicio de su visita turística: las dos torres defensivas, la primitiva capilla castrense, el recinto amurallado. Y poco más. Es una edificación al estilo lombardo, fácil de diferenciar por el uso de sillarejo poco desbastado y de irregular hechura. Los muros aparecen salpicados de orificios edificativos llamados “mechinales” y puertas y ventanas se adornan con una rosca de piedra paralela a su medio círculo. Es la llamada “dobladura lombarda”.
De este momento es la bella galería de tres vanos geminados en la planta alta de la Torre de la Reina. Deliciosa por su sencilla y ruda belleza.
Ramiro I, primer rey de Aragón continuó añadiendo elementos al primitivo recinto lombardo levantado por su padre. Ya no edifica al modo lombardo. Utiliza sillares de mayor tamaño; pero todavía muy rudos en su acabado. Edifica la cocina, reedifica la iglesia castrense a la que dota de bóveda pétrea y circunda con muros lo que más tarde serán pabellones norte.
El rey muere en Graus en 1069 causando su muerte un momento de debilidad en el incipiente reino, momento en que los musulmanes contraatacan y toman entre otros lugares el castillo de Loarre.
Sancho Ramírez su hijo hereda el reino y ya en 1070 reconquista el castillo de forma definitiva.
Será este gran rey quien proporcione a Aragón su impulso decidido hacia el futura valiéndose de hábiles alianzas matrimoniales así como de lograr el apoyo de la Iglesia.
El año 1071 es un momento clave en la vida del rey. Casa en segundas nupcias con Felicia de Roucy, descendiente del rey de Francia y hermana del conde Eblo de Roucy poderoso militar al servicio de la política pontificia.
Es el año en que se instaura en Aragón el rito oficial romano, abandonando el viejo rito hispano mozárabe y abriendo camino hacia el resto de los territorios cristianos de España.
Y por fin el año en que el papa Alejandro II concede mediante bula la edificación de un monasterio pontificio en Loarre.
La gran obra en el castillo durante el reinado de Sancho Ramírez será su magnífica iglesia, auspiciada por la bula papal y en la que trabajaron los mejores artistas ultrapirenáicos de la escuela Tolosana, facilitado ello por las nuevas alianzas resultantes de su matrimonio con Felicia de Roucy.
Loarre es más que una importante fortificación fronteriza. El lujo y los recursos empleados en erigir la capilla real de san Pedro de Loarre hacen sentir que fue en realidad prueba material de los pactos que el rey Sancho Ramírez había establecido con la nobleza francesa y con la Iglesia de Roma embarcada en una enorme expansión merced al movimiento benedictino que desde Cluny se extendería por toda la cristiandad teniendo en el arte románico uno de sus exponentes diferenciadores. Loarre es pues documento fehaciente de estas alianzas.
La iglesia de San Pedro debería de haber sido de tres naves paralelas, basilical; pero la escasez del terreno sobre el peñasco de Loarre obligó a que tan solo hubiese una nave. La magnificencia que no pudieron edificar sus maestros en planta la llevaron a cabo en alzado. Necesitaron construir cripta para nivelar el terreno y una innovadora escalera situada de forma transversal al eje de la nave colocada a nivel inferior a la misma.
Ya en el templo, la bóveda de media esfera que corona el falso crucero es innovadora. De influencias orientales, se alza sobre un sistema doble de trompas para permitir la existencia de una linterna que ilumine el templo.
La cabecera luce un doble sistema de arquerías superpuestas. La superior enmarcando los vanos y la inferior ciega con trece arcos y sus correspondientes capiteles.
El templo cuenta con nada menos que ochenta y dos capiteles de magnífica labra, mas los dieciocho de la cripta. Su depurado estilo es Tolosano - Jaqués y algunos de ellos tienen su origen casi idéntico en San Serenín de Toulouse o en la portada de Moissac. Muchos de ellos por su ubicación en altura decorando los ventanales son de difícil contemplación directa. Sin duda un lujo decorativo que, como indicaba, rebasa a las necesidades de un templo castrense.
Grifos, sirenas, anfisbenas, leones, basiliscos.. son motivos que veremos en los capiteles. Solo uno de ellos, el situado sobre el lado sur del arco triunfal es historiado. Narra el Pecado Original y representa a Adán y Eva comiendo de la fruta del árbol del Paraíso en el que se halla la serpiente.
Es Loarre un elemento fundamental en el reino de Aragón que se está afianzando y proyectando hacia la tierra llana.
Reino itinerante, sin una sede estable todavía que tiene tres claros referentes: Una catedral (Jaca), un panteón (San Juan de la Peña) y un castillo (Loarre).
En esta fase edificativa del castillo auspiciada por las alianzas del rey y en la que intervienen depurados maestros canteros encontraremos ya los sillares perfectamente labrados escuadrados y ajustados, precisando de muy poca argamasa para su asiento. Y la mayor parte de ellos lucen marcas de cantería. Hasta 93 marcas diferentes ha recogido Martínez Prades en su magnífico trabajo sobre el castillo. Ello indica un elevado número de canteros trabajando en el templo que habían de marcar su trabajo a efectos de cobro.
Muy pocos comitentes eran capaces de soportar tan elevado número de operarios. Pero estamos hablando de una obra en la que el comitente no era otro que el propio rey de Aragón.
Como ya se ha dicho, el papa autorizó la edificación de un monasterio pontificio. Pero la existencia de monjes, una comunidad canónica agustiniana, precisa de unas infraestructuras adecuadas para su vida monástica. Algo que en el diseño de la fortaleza no había sido necesario.
Es el momento de la edificación de los pabellones norte, distribuidos en dos plantas y destinados a contener espacios de habitación para la comunidad. También de los pasos intermedios necesarios para poder acceder tanto a las nuevas estancias como al antiguo recinto.
Sus sillares algo menos cuidados que los del templo, son también de este momento y lucen sus preceptivas marcas de cantería.
Con respecto a la muralla que rodea el castillo hay diversas opiniones sobre su cronología. Para unos es elemento tardío, ya del XII avanzado o principios del XIII mientras que para otros su perímetro original debió de ser trazado ya en el inicio de la fortificación. A favor de ello va el hecho de que en la Puerta de los Reyes -situada al sur de la fortaleza y la única que es de planta cuadrada hay sillares con marcas de cantería que corresponden a la fase edificativa de Sancho Ramírez.
También el detalle apuntado por Adolfo Castán de la existencia de aspilleras aptas para verter líquidos inflamables o ardientes al modo de las existentes en Abizanda, cronológicamente atribuibles al siglo XI.
De una u otra forma, esa muralla tantas veces rehecha, aporta el toque de personalidad y la silueta característica a esta fortaleza.
Son doscientos metros de lienzos formando un arco en el que se intercalan once torreones; ocho de planta redondeada abiertos hacia el interior, uno cuadrada y dos apenas señalados en su arranque.
Loarre es un referente mundial en lo tocante al románico. Aúna estilos lombardo y francés así como lo militar con lo religioso. Inexcusable su visita. |