Huellas antiguas
Frente al pueblo medieval de Montañana, en el extremo de una tierra antigua de nadie, fronterizo, de arenas rojizas y barrancos de buitres, se esconde el encantador pueblo de Arén/Areny.
Su proximidad a Cataluña, separada por el rio Noguera Ribagorzana, le concede un carácter bicultural. Su localización en tierras de torres defensivas alineadas, unas frente a otras, de monasterios, ermitas y cruces de caminos ha dejado una singular herencia en el patrimonio histórico-cultural. Este amable pueblo de La Terreta, camino natural al Vall d´Arán y Francia, apenas queda señalizado en la Nacional 230 Lleida-Viella en el km.101.
En una loma y protegido por el viento del norte aparece Areny. Recibe al visitante su plaza principal frente a la iglesia de San Martín del siglo XVIII. Su casco histórico fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1982. Por los portales se entra a su trazado medieval de calles estrechas, cuestas que se confunden en fachadas de piedra rojiza. En lo alto del pueblo, donde posan los buitres, un enorme arco de piedra orientado a poniente son los restos del primer castillo documentado del Condado de la Ribagorza del año 823 y de una anterior necrópolis.
Este paseo llega hasta el Antiguo Lavadero, lugar de encuentro de las Encantarias, moradores mágicos de estas tierras. El camino se adentra en bosques de robles y barrancos antiguos. Hay miradores de vigas negras, ventanucos y rincones. La vegetación se extiende en los bancales y en portones de madera. Hay rutas muy interesantes como la que lleva a las huellas de los famosos arenysaurios, esos animales prehistóricos que cuentan con un Museo dentro de la población.
La luz en el paisaje de Areny es especial. Todo se filtra con una tonalidad anaranjada por su orientación. Se suceden las riberas inclinadas pobladas por chopos y arbustos, surcos arados y casas que se clavan en las rocas.
También merece visitar el Centro de Interpretación de la Ribagorza, situado en la Casa del Gobernador, que pretende acercar al visitante la historia, el arte, la cultura y la naturaleza de esta comarca.
Sus moradores son hospitalarios, heredan una larga historia rica en sucesos decisivos y en un territorio protegido por montañas encadenadas. Cuentan con una apreciada tradición oral que permite recordar a los traginers, arrieros o pastores que subían los puertos de Viella.
La gastronomía se compone de platos tradicionales que aprovechan los productos que ofrece de la tierra, la longaniza, el cordero a la brasa, el cabrito asado, la butifarra dulce, la chirella y las coquetas y dulces típicos como los Crispells. |