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Descripción
Situado sobre una colina, a 640 metros de altura. Recibe al visitante una cruz de término del s. XVIII al llegar a esta población que se denominó Ipies y es uno de los lugares que en el año de 1097 donó Pedro I rey de Aragón a Eximio, Abad de Montearagón, citándose documentalmente desde 1104, pasando por distintos propietarios, entre los que se encuentran D. Gastón, vizconde de Bearne; Dña Lascara de Grecia; D. Pedro Martinez de Luna, el Papa Benedicto XIII; y D. Ximenez de Urrea, estando hoy incorporado al municipio de Huesca. A la entrada de la población, bodegas arruinadas excavadas en la roca.
Ocupando su caserío una explanada que tiene como fondo el Salto de Roldán, en cuyo centro se encuentra la plaza mayor porticada, edificada por el Servicio Nacional de Regiones Devastadas según el modelo de diseño que se repite en otras poblaciones Adoptadas por el Caudillo. No obstante, permanecen otros edificios más antiguos que no han experimentado transformaciones, con características constructivas de la arquitectura aragonesa, siendo de entradas adinteladas en vez de medio punto, con piedras armeras y levantadas entre los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan las casas de Forcada y Rio. |
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A la localidad de Apiés se llega desde Huesca por la carretera que en dirección norte va hacia Fornillos Pequeña población próxima a la sierra de Guara; que posee una bien restaurada iglesia románica originalmente de finales del XII o principios del XIII.
Es iglesia de nave única destacando de ella enseguida la portada, de seis arquivoltas apeadas en capiteles con motivos geométricos y con un curioso efecto proporcionado por sus dovelas almohadilladas.
La más exterior de las arquivoltas tiene forma de zig-zag. También le confiere personalidad los modernos contrafuertes, grandes y rematados a dos aguas en la zona absidal. Está dedicada a San Félix.
En imágenes de Lucien Briet de principio del siglo pasado podemos advertir que sobre las cubiertas del templo se alzó un cuerpo añadido a modo de falsa aragonesa. Varias hileras de sillares y después ladrillo en la edificación de la galería que sin duda debieron de justificar la edificación de los espectaculares contrafuertes que dan personalidad al templo para compensar el empuje adicional de la obra añadida.
En la restauración del templo llevada a cabo en los años 50 del pasado siglo se eliminó la mencionada falsa, así como la porción superior de la torre que se recreció en ladrillo. La porción que hoy vemos, quedaba semioculta por el cuerpo de la galería de arquillos.
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