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Descripción
Al pie de la sierra de Loarre y sobre una explanada algo inclinada a media altura entre esta y el llano, se encuentra Aniés, una población perteneciente al municipio de La Sotonera Su silueta desde la carretera se ve coronada por la ermita santuario enclavada entre un tajo en la sierra que le sirve de fondo. Su trazado urbano es bastante regular con tendencia a la retícula, que ampara una plaza central con forma de paralelogramo. Su historia se inicia documentalmente en el año de 1069 y perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén.
Destacan unas interesantes casonas del siglo XVIII con bellas piedras armeras, al igual que las construcciones domésticas de reducidas dimensiones, con no más anchura en su fachada que el espacio ocupado por el arco de entrada y sin más vanos que una pequeña ventana abierta en la primera planta. Tejado bajo y pegado a la ventana, pues casi todas se corresponden a una sola altura elevada. Destaca en la plaza, una casa fechada en el año de 1640 con fachada sostenída por contrafuertes.
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| Aniés es una pequeña localidad de apenas ciento cuarenta habitantes situada al abrigo de la sierra Caballera. Circulando entre Bolea y Loarre, un desvío a nuestra derecha nos conduce en cosa de tres kilómetros hasta su caserío.
Fue villa de realengo de la que se conocen los nombres de sus tenentes desde 1084 hasta 1198 encabezados por Fortún Gómez. Posteriormente pasaría a depender del obispado de Huesca por cesión de Pedro II.
En 1201 el obispo de Huesca García de Gudal cedió la iglesia a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.
En 1785 continuaba bajo señorío de las Órdenes Hospitalarias.
Su iglesia parroquial dedicada a San Esteban se sitúa en el extremo occidental del caserío. El primitivo edificio románico fue de planta cuadrada y orientación litúrgica, con una desviación de su cabecera plana de aproximadamente 30 grados hacia el sur. Notablemente modificada, la obra actual data del XVIII en que se invierte la orientación litúrgica y se añade cabecera de planta de cruz a poniente en la que destaca al interior la cruz de Malta de las Órdenes Militares.
Quedan del templo original los muros norte y sur rematados en altura por canecillos de perfil de nacela, la portada de seis arquivoltas decoradas con baquetón y capiteles en los que aún se distinguen pequeñas palmetas y el primer cuerpo de la torre. La cabecera plana es la original, certificada por la continuidad de hiladas con los laterales y las marcas de cantería. Está centrada en altura por vano aspillerado, que debió de ser derramado al interior; pero que e halla cegado y oculto por el coro actual.
El interior del templo presenta un cuidado aspecto. Tiene nave -que era la planta de la primitiva iglesia románica- segmentada en cuatro tramos cubiertos por medio de bóvedas de lunetos añadidas a la zona sobreelevada con respecto a las cubiertas originales. Altares y capillas laterales decoran este espacio. A los pies hay coro alto de madera, sobre la antigua zona del altar original.
La cabecera añadida tiene forma de planta de cruz y es muy luminosa gracias a la edificación de una linterna sobre pechinas decoradas con pinturas de los evangelistas.
El altar mayor, “occidentado” se decora por medio de un retablo barroco centrado por el titular del templo, San Esteban ascendiendo al cielo portando la palma del martirio. A su lado un angelote muestra dos piedras, símbolo de su martirio.
En altura, campea San Miguel provisto de espada y escudo en actitud triunfante sobre el demonio en forma de retorcido dragón.
ANIES: VIRGEN DE LA PEÑA
Enriscada sobre el abismo y con unas espectaculares vistas sobre la Sotonera se sitúa la ermita de la Virgen de la Peña. La tradición narrada por el Padre Faci habla de Virgen encontrada en cueva por un caballero que con su halcón disfrutaba de una jornada de cetrería en pos de perdices. Imagen que trasladada a la desaparecida iglesia de San Pedro volvía milagrosamente a su lugar de origen donde respetando su voluntad se le erigió santuario. Se cree que este episodio se remonta al año 903
Lo cierto es que el edificio de la ermita es de notable antigüedad que puede retrotraerse a la época en que en Loarre se edifica su ruinosa iglesia prerrománica. Momentos en que para los cristianos, enriscarse suponía sin duda, supervivencia.
De ese momento quedan algunos poco conocidos vestigios como el tímpano empotrado en la casa del santero y un par de capiteles en la planta baja de la ermita, por su estilo, obras de la misma mano.
El tímpano es de tosca labra y representa a un personaje con hábito estriado y una especie de refuerzo sobre pecho y espalda donde las estrías son oblicuas así como en el doblez de la zona inferior de su vestimenta talar. Bendice con la diestra alzada mientras que con la izquierda sujeta una alargada cruz que se curva por imperativo del espacio. Sus facciones son toscas y el pelo está representado por estrías verticales hasta las cejas .
Esta pieza se hallaría sobre la portada principal de acceso al templo románico -donde estuviere- y quizá el capitel que veremos más adelante formase parte de esa misma portada.
Comoquiera que el personaje debe de ser de la suficiente importancia para ocupar tan preeminente lugar, y no luce símbolos de divinidad, ni atributos episcopales así como ninguno de los que personalizan a los apóstoles más destacados, y si además se advierte su vestimenta, no es atrevimiento plantear que sea la representación del anacoreta Fray Juan, que llevó a cabo su vida eremítica en esta sierra. Junto con el grabado de 1642, serían las únicas representaciones existentes de este personaje ligado a la historia de la ermita. |
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