Románico
En lo más alto, encontramos a su Colegiata centrando el castillo románico en su origen; del que quedan ermita y torre arruinada en lo más alto, y albarrana y torre adosada a la muralla en plano inferior. También parte del claustro original, rehecho, conservando media docena de capiteles de factura singular, su pila bautismal rescatada de secular emparedamiento, el Cristo de Lecina, un báculo de marfil... en lo tocante a la época que estudiamos.
En lo alto del cerro-fortaleza se halla la Colegiata de Santa María. La obra actual data del S XVI y de su origen románico guarda recuerdo en la crujía septentrional del claustro. Seis bellos capiteles de labra característica dan fe de aquella época.
El claustro tiene una forma trapezoidal irregular con un solo ángulo recto, en la unión de crujías sur y sureste; siendo su lado menor el meridional, que cuenta tan solo con tres arcos de medio punto. El mayor se sitúa al sureste y cuenta con diez arcos, y enfrente suyo la crujía de poniente luce siete arcadas.
Toda la columnata se alza sobre podio corrido realizado. Las columnas son dobles; muy estilizadas en la zona moderna donde se rematan por pequeños capiteles decorados en su zona superior con motivos vegetales.
Sobre esta estructura descrita, separada por friso de esquinillas, se superpone un segundo piso en ladrillo, cuajado de vanos rematados en arco de medio punto, al estilo de los pisos altos de las casonas nobles aragonesas. Las crujías sureste y sur, dejan ver hileras de vanos al exterior del edificio (en la fachada de acceso al edificio, y en la que da vista al caserío del pueblo).
Los capiteles románicos son de una bella rusticidad. Las figuras, sus vestimentas, detalles y peinados están elaborados de una forma muy simple, no exenta de encanto.
En el capitel de la Creación de Adán, se representa a Dios como una figura con tres cabezas (resolviendo de forma simplificada el Misterio de la Trinidad), infundiendo a Adán el alma mediante el contacto de su dedo índice derecho en su oído izquierdo. Conserva parte de la policromía original, rojiza. Cuatro ángeles en posiciones invertidas, para caber en el volumen lateral del capitel, sostienen la mandorla en que se inscribe la escena.
Este capitel es único en el mundo románico por la forma de interpretar el Misterio de la Trinidad. No hay nada parecido en esta época.
El resto de los capiteles románicos, no menos bellos, muestran el martirio de San Juan y la danza de Salomé, el Pecado Original, Caín y Abel, el Diluvio, la comnsagración del templo.
Adornan las paredes del claustro pinturas murales de cronología decidídamente más tardía de los siglos XV y XVI.
Al interior del templo no quedan vestigios románicos, salvo el magnífico Cristo procedente de la localidad de Lecina.
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